Buscar este blog

lunes, 11 de julio de 2011

Esperanza

La esperanza ha sido mi gran e insuperable enemigo. Como cuando sabes el desenlace de un libro que todavía no has acabado. Tienes la ineludible esperanza de que no sea así, tal y como te lo han contado. Pero, sin embargo, una vez que llegas a él puedes comprobar por tí misma que, efectivamente, tenían razón. Lo sabías. Claro que tú lo sabías. Pero era mejor confiar en que las cosas se tornasen a tu favor.

Tú sabías a la perfección cómo sería tu final. Aun así, te engañabas constantemente a tí misma soñando con un desenlace feliz, en balde. Maldita esperanza que me persigue. Ahora, esta eres tú. ¿Decepcionada? No deberías estarlo. Era de esperar. No obstante, preferías vivir en tu burbuja inexorable, ajena al espacio y al tiempo, hasta finalmente presenciar con tus propios ojos el momento que ya habías profetizado.

Te veías madura, fuerte, perjurando, asegurando que todo esto no te destruiría. Decías crear cuatro paredes intransferibles de acero a tu alrededor, que, sin embargo, resultaron ser de cristal. Ahora, hechas añicos todas ellas, comienzas a tomar conciencia de tu propia vida y buscas impacientemente lugares idóneos en los que echar a volar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario